Papel de los Maestros

PAPEL DE LOS MAESTROS INDUSTRIALES A TRAVÉS

DE LA HISTORIA DE LA FORMACIÓN

PROFESIONAL EN ESPAÑA.

Por el Institut Politècnic de la Costera (Xàtiva) se incluye la ponencia que se indica en el título como ocasión del Cincuentenario de los Estudios de Formación Profesional del Instituto de Formación Profesional de la Costera (Xàtiva).

ANTECEDENTES A LA FORMACIÓN PROFESIONAL REGLADA DEL AÑO 1928

                  Como antecedentes se estima importante indicar que en 1868 se crea la Escuela de Artesanos de Valencia de la que derivó en pleno siglo XX a los estudios industriales de Formación Profesional, quedando la formación de los artesanos para las Escuelas de Artes y Oficios. Algunas de estas escuelas trataron también de impartir un amplio abanico de conocimientos de la Industria Mecánica, tal fue el caso de la Escuela de Artes y Oficios de Alcoy, que posteriormente cambió de nombre por el de Escuela Industrial, habilitando estudios en dos sentidos: Unos de carácter técnico como eran los Estudios de Aplicación (muy relacionados con el Bachillerato) impartiendo las titulaciones de Perito Mecánico y Perito Químico, y, por otro lado, dando una enseñanza obrera, generalmente nocturna, con conocimientos aislados de matemáticas, dibujo lineal y de adorno, así como algunas ideas elementales de mecánica, que pudiendo tener alguna utilidad para los procesos industriales lo eran más para los pequeños talleres artesanos que aún subsistían en gran cantidad en todo el suelo español. Al no existir en la formación obrera un plan de estudios reglado, bajo el punto de vista unitario de una profesión, las Escuelas de Artes y Oficios no eran en realidad centros de Formación Profesional, ya que la mayoría de los obreros se matriculaban tratando de hacerlo en las materias técnicas que se daban en aspectos más bien teóricos que prácticos. Debido al alto grado de analfabetismo, en la Escuela de Artesanos de Valencia se impartía un Curso Preparatorio General de Primeras Letras, característico de la enseñanza primaria y adaptado a los adultos; también en esta escuela se daban Estudios Elementales de Artesanos de tipo mixto entre el artesanado y la industria y, por último, una Enseñanza Industrial Especializada dirigida hacia diversos puestos de trabajo, Tales como la fundición y el moldeo del hierro y cobre, y asimismo la reparación, ajuste y montaje de las instalaciones en las que intervenían las máquinas de vapor. Tampoco se olvidaba en este centro valenciano las industrias derivadas de la agricultura (elaboración de vino, aceite, etc.) y así mismo otras actividades como las artes plásticas de aplicación a diferentes oficios. Es evidente que esta Escuela de Artesanos valenciana, como en otras del territorio español no existía una carrera profesional propiamente dicha, lo cual no fue óbice para que muchos de los alumnos que asistieron a sus aulas elevaran su nivel cultural y hasta en ocasiones estuviesen en condiciones para dirigir pequeños negocios o empresas industriales. En aquellos tiempos, en España, el tuerto era el rey en el país de los ciegos.

                  Romanones, Ministro de Educación Pública y Bellas Artes, trató inútilmente de implantar las denominadas Escuelas Elementales y Superiores de Industria con el fin de formar prácticos y peritos bien instruidos en todos los pormenores de la técnica industrial y avezados a las prácticas de taller. Textualmente indicaba el Conde de Romanones: “Por otra parte, la existencia de las Escuelas Industriales favorecerá en todos los ámbitos a nuestro país la propagación de los trabajos de esta índole, que tan beneficiosamente pueden contribuir a la prosperidad nacional. No cabe duda: el espíritu de otros siglos fue el humanismo, y la educación revistió un carácter eminentemente clásico; en nuestro tiempo, el espíritu es industrial, y la educación debe ser técnica”. Resumiendo, Romanones trató de resucitar en los institutos de Segunda Enseñanza la formación técnica, en forma de carreras cortas, pero su intento fracasó al ser atacado tanto por la derecha como por la izquierda y sobre todo por el personal docente de los institutos que consideraban los estudios generales secundarios principalmente como una antesala elitista con la finalidad de acceder a los estudios superiores. Como el propio Conde de Romanones indicara mas tarde se lamentaba de la siguiente forma: “Intenté cambiar la orientación de la segunda enseñanza, disponiendo que los estudios técnicos se desenvolvieran al compás de los clásicos y que sirvieran de preparación para las carreras industriales las enseñanzas dadas en los institutos. La medida no arraigó, pues el profesorado oficial se resistió a aquel injerto; fue una lástima, pues la idea bien planteada, podría tener eficacia”.

ESTATUTO DE LA FORMACION PROFESIONAL DE 1928

         En el Estatuto de Formación Profesional de 1928, dependiente del Ministerio de Trabajo, se puede decir tajantemente que es cuando se inicia la enseñanza profesional reglada, y ya de acuerdo con las formas existentes en los países más desarrollados. Esta Ley se publicó durante la Dictadura de Primo de Rivera, en un Decreto de 21 de diciembre de 1928, aunque ya el 31 de noviembre de 1924, se había creado previamente el Estatuto de Enseñanza Industrial. Entrando en detalles del Estatuto de 1928 quedan delineadas con medidas muy modernistas las Escuelas de Orientación Profesional y las Escuelas Elementales de Trabajo. En las dos escuelas mencionadas anteriormente su sistema organizativo dependía de los llamados Patronatos Locales de Formación Profesional. Hay que aclarar que el Estatuto de 1928 al referirse a las Escuelas de Orientación y Preaprendizaje las consideraba principalmente como secciones elementales que podrían ubicarse en las Escuelas de trabajo, lo que así se realizó en diversas provincias, así como de forma independiente, aunque siempre con vistas a la promoción a estudios superiores. En el año 1931 al proclamarse la II República continuaron los mismos planes de estudio, pero pasaron a depender del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. En el año 1939 continuaron en vigor estos estudios hasta el año 1955 en que se instauró una planificación muy análoga a la anterior de Oficialía y Maestría. Es curioso que una Ley dictaminada por la Dictadura (con el visto bueno de los socialistas, ya que el líder Largo Caballero asesoró en esta enseñanza desde su puesto de Consejero), fuese continuada por la II República y por el Régimen Franquista hasta 1955, lo cual indicaba que el sistema era bueno, y siguió las mismas líneas en la Ley de 1955 que duró hasta 1970, es decir 27 años.

         En la Escuela de Orientación Profesional de Vallecas (Madrid) donde el autor de este artículo fue profesor se impartían tres cursos: Primer año. Orientación: Constituido por materias teóricas y prácticas (estas últimas se impartían rotatoriamente por todos los talleres que tuviese la escuela). Segundo año. Especialización: Constituido por materias teóricas y prácticas (éstas últimas se impartían en una especialidad determinada de las que había en la escuela). Tercer Curso. Perfeccionamiento: Se realizaba en enseñanza nocturna (las de los dos cursos primeros se verifican en estudios diurnos, media jornada para la teoría y otra media jornada para las prácticas). En este curso se daban enseñanzas teóricas y prácticas.

         Las enseñanzas teóricas se centraban en el Departamento Técnico-Gráfico y las prácticas en el Departamento de Talleres en los dos primeros años. En el Curso de Perfeccionamiento las enseñanzas teóricas estaban más diversificadas por profesores especializados y las prácticas las daban los mismos profesores de taller que lo hacían en los dos primeros cursos. Loa alumnos de los dos primeros cursos de clases diurnas daban 36 horas de clases semanales (sábados incluidos) de las cuales 18 eran enseñanzas prácticas y otras 18 eran de teoría. En el tercer curso de clases nocturnas, semanalmente, incluidos los sábados, se daban 18 horas de clase, de las cuales 9 eran de prácticas y 9 de teoría. El autor de este trabajo profesor de clases en la parte teórica en los dos primeros cursos, y de Química en las clases nocturnas, y por ser el último que entró en la escuela me tocó el sábado de 7 a 8 de la tarde. En las clases teóricas de los dos primeros cursos la titulación exigida era Maestro de Enseñanza Primaria, Perito, Ingeniero o Licenciado en Ciencias; en el tercer curso, de Perfeccionamiento, los maestros de primaria no podían darlo. En las clases de talleres se exigía en los tres cursos la titulación de maestro de taller y como auxiliares la de oficialía industrial. Era tal la importancia que se daba a los maestros de taller que su sueldo era ligeramente mayor que los titulados de las enseñanzas teóricas.

         Hay que hacer observar que en los dos primeros cursos no existía la asignatura específica de tecnología, ya que ésta se impartía íntimamente ligada con las prácticas que se efectuaban en los talleres. En el tercer curso de perfeccionamiento la tecnología era de tipo general para todas las especialidades, siendo la tecnología aplicad también impartida por los maestros industriales y los profesores auxiliares de talleres oficiales industriales.

         Las calificaciones de las diferentes materias correspondían a un baremo de valor cuantitativo muy diferente, según la importancia que se daba a los diferentes estudios. Así, por ejemplo, en el primer curso de la asignatura de Geografía e Historia podía alcanzar un valor máximo de cinco puntos, frente a la puntuación de treinta que hacían las clases prácticas de los talleres.

         El ingreso de los alumnos en la escuela se verificaba a los 14 años, pudiendo ser a menor edad siempre que el Instituto Nacional de Psicotecnia, por el que tenían que pasar obligatoriamente todos los alumnos en los dos primeros cursos, dictaminase su aprobación. Se efectuaba un examen de ingreso para apreciar si el futuro alumno se encontraba con un mínimo de preparación para abordar los estudios más elementales de la Formación Profesional.

         En la evaluación de los alumnos es interesante indicar que las calificaciones finales de cada curso se obtenían refiriéndolas a la nota media general de la escuela y obtenida por el procedimiento siguiente: Las notas medias del curso para cada alumno, con su nota de examen, daban una media final; sumadas éstas y divididas por el número de alumnos expresaban la nota media general y era el límite que marcaba a la aptitud de la no aptitud. Este sistema es complejo de discutir a finales de este siglo, si es más o menos eficaz que el actual de tipo rígido, pero lo que si es cierto es que era una gran innovación en la evaluación de los alumnos.

         La Escuela Elemental de Trabajo era otra de las instituciones que dependían del Patronato de Formación Profesional. Para facilitar su extensión a la clase obrera se facilitaba su acceso, así a los alumnos que acababan el curso de Perfeccionamiento se podían matricular en el último curso de preparación de oficiales industriales (constaba de dos cursos), dándoseles por aprobado el examen de ingreso y el primer curso de los estudios de oficial. Con puntuaciones bajas en el curso de Perfeccionamiento sólo se les eximía del examen de ingreso, matriculándose en el primer año de la oficialía. En cuanto a los estudios de Perito Industrial, los alumnos con calificaciones medias determinadas en los tres cursos de Orientación Profesional tenían derecho a matricularse en el segundo curso del Preparatorio, en cualquiera de las especialidades de Mecánica, Electricidad o Química, dándoles por aprobado en la Escuela de Peritos (Escuelas de Trabajo Superior) las pruebas selectivas de ingreso y los estudios del primer año del Preparatorio.

         La preparación de oficiales y maestros industriales duraba dos años para cada uno de los títulos. El primer curso de oficiales y el primer curso de maestros eran comunes para las tres especialidades (Mecánica, electricidad y Química), lo que hacía que la preparación tanto de los oficiales como de los maestros fuera muy polivalente. El paso de oficial a maestro se hacía automáticamente, como asimismo la de los maestros al primer curso de los tres de peritaje, mientras que los bachilleres (entonces de siete años) tenían que realizar un curso puente de diferentes materias, entre ellas las prácticas de taller.

         La preparación del maestro de taller era tan sólida y abierta a futuros conocimientos que tanto en las escuelas de orientación como en las de oficialía y maestría era el punto clave de estas enseñanzas. En el primer año de estudios de las escuelas de peritaje se impartían clases prácticas dirigidas por los maestros de taller. Este sistema de continuidad entre la orientación, la oficialía, la maestría y el peritaje hacía que en muchos centros de España, tal era el caso, por ejemplo de la de Valencia, en que en un mismo edificio y dirigida por un solo director se impartiesen las enseñanzas de formación profesional y de peritos. En Madrid, en la Escuela, sita en la ronda de Valencia, se preparaba la oficialía, la maestría y el peritaje (posteriormente la Ingeniería Técnica), siendo el autor de este artículo profesor de formación profesional y de ingeniería técnica en la especialidad de Química. Al igual ocurría con los maestros de taller que daban clase en ambas enseñanzas, siendo su prestigio tan grande que muchas empresas trataron de llevárselos a puestos muy altos y con sueldos muy elevados. Muchos de mis alumnos de la Rama Química con la titulación de maestros se han colocado en puestos análogos a los ingenieros, a la vez que otros pasaban directamente a la Escuela de Ingeniería Técnica, en donde volvía a encontrármelos como profesor de Operaciones Básicas de Ingeniería Química y de Procesos de Químico-Física.

LEY DE FORMACIÓN PROFESIONAL DE 1955

         Esta ley fue promulgada el 20 de julio de 1955 cuando regía el Departamento de Educación el Ministro Ruiz Jiménez. Esta Ley fue continuista con la anterior, como puede comprobarse en la exposición de motivos: “Adecuar y actualizar el Estatuto de 1928, introduciendo profundas modificaciones, tanto en lo que se refiere a los órganos rectores de la Formación Profesional Industrial, centros docentes y sistemas de enseñanza, cuanto a lo que atañe a la participación directa de la Industria en la orientación y sostenimiento de esta importante faceta de la educación (hoy de acuerdo con los sistemas de La Unión Europea diríamos de formación), que por primera vez se apoya sobre un fuerte soporte económico, resultado de la progresiva industrialización del país”. Hay que decir que anteriormente a la publicación de esta Ley, se aprobó en fecha 8-1-1954 la Cuota de Formación Profesional a cargo de las empresas y de los trabajadores.

         En líneas generales esta nueva Ley comprendía el Preaprendizaje, la Oficialía y la Maestría, pudiéndose realizar la Oficialía en el sistema dual de aprendizaje-empresa. Posteriormente siendo Ministro Lora Tamayo, el 29 de abril de 1964, se declaró obligatoria la Enseñanza Primaria hasta los 14 años de edad, con lo que el Preaprendizaje que se realizaba a partir de los 12 años dejaba de tener sentido, ya que el alumno que terminaba la Enseñanza Primaria podía matricularse directamente en el primer año de la Oficialía, así como los que terminaban el Bachillerato Elemental y los titulados, cada vez menos, en el Preaprendizaje.

         El Aprendizaje tenía la misión de formar al Oficial Industrial con el fin de preparar operarios cualificados en especialidades mas diversas que las que contemplaba el Estatuto de 1928. Al final del periodo de los estudios se verificaba un examen igual para todos en la especialidad cursada, tanto en las enseñanzas teóricas como prácticas ante tribunales que se constituían al finalizar el curso y en septiembre. Según la Ley, de los tres cursos que constaba la Oficialía, el primero debería realizarse a tiempo pleno y los otros dos podrían efectuarse en los Centros de Formación Profesional a tiempo pleno y en las empresas a tiempo parcial en sistema de aprendizaje empresa-escuela. En los centros de Enseñanza a tiempo pleno se podía impartir la Oficialía en enseñanzas nocturnas con una disminución del horario diurno siempre que los alumnos acreditasen que trabajaban.

         A diferencia del Estatuto de 1928 se diversificaba la enseñanza profesional en un mayor número de ramas profesionales, y dentro de cada una de ellas en diferentes especialidades. En un principio las diferentes ramas profesionales eran: Metal, Minera, Eléctrica, Electrónica, Madera, Construcción, Química, Textil, Automovilismo, Artes Gráficas y Delineantes. Dentro de estas ramas se subdividían en especialidades, como por ejemplo, en la Rama Química las de Químico de Laboratorio, Químico de Industria y Químico de la Industria de la Alimentación. Las prácticas de Taller o de Laboratorio en régimen de enseñanza plena eran de 15 horas en el Primer Curso, de 17 en el Segundo y de 18 en el Tercero frente a 3 horas de la Tecnología en cada uno de los tres cursos. En las enseñanzas nocturnas, de un horario reducido en los tres cursos los talleres y laboratorios tenían semanalmente 6,5 horas frente a 2 de la tecnología.

         La Maestría constituía el último escalón de la Formación Profesional y preparaba, no a una especialidad, sino a una rama profesional determinada. Con esta preparación al Maestro Industrial, después de un rodaje corto en la empresa, se le incluía en el grupo de los Mandos Intermedios, ya que poseía un conocimiento amplio de todos los oficios básicos que integraban una rama de la producción y solían tener a su cargo la gestión y dirección de los elementos y materias que formaban el contenido de los diferentes oficios constituidos de las diversas especialidades que formaban parte de dicha rama.

         La duración de los estudios de la Maestría Industrial eran de dos años y se otorgaba el título respectivo, una vez que se hubiesen superado las pruebas de reválida correspondientes ante un tribunal nombrado por el Ministerio de Educación. Estas enseñanzas se verificaban a tiempo pleno en enseñanza diurna y a tiempo parcial para las personas que trabajaban en una empresa. El paso a la Maestría tenía una gran flexibilidad, tal y como a finales de siglo se realiza en Europa, ya que podían acceder los titulados en Oficialía, Bachiller Laboral o hallarse calificado en la empresa como Aprendiz Titulado (análogo a la Oficialía) o tener la categoría como mínimo de Oficial de Tercera.

         La importancia del Maestro de Taller o de Laboratorio era grande ya que del horario semanal, 18 horas en cada uno de los dos cursos eran para las clases de Talleres frente a las 4 de Tecnología.

         La ley de F.P.I. de 1955, fue una disposición, no buena, sino muy buena para la época que se promulgó por un Ministro muy liberal como fue Ruiz Jiménez. Dicha Ley se anticipaba en su tiempo, ya que en la Orden Ministerial de 13-12-1957 se establecían normas para la realización por parte de los Centros de cursos monográficos sobre materias determinadas, con vistas a la formación de altas cualificaciones para las empresas. Al margen pues, de los planes reglados, por primera vez se seguirían actividades no formales de Formación Continua. Estas enseñanzas no regladas y abiertas atenderían a: 1º) Enseñanzas Especiales de carácter técnico de tipo complementario a los estudios reglados. 2º) Materias técnicas y de aplicación que ofrecieran un indudable interés por parte de las empresas o las necesidades laborales de las diferentes regiones.

         Hay que indicar que en las postrimerías de la Ley de 1955 se vio la necesidad de ampliar las ramas profesionales industriales a otras nuevas, algunas fuera de las industriales como fue la de Peluquería y Cosmética y la de Hostelería, así como a las de la Piel y Corte y Confección. El autor de este trabajo como miembro de la Comisión Permanente de la Junta Central de F.P.I., con carácter de inspector, colaboró a que las ramas de servicios se integrasen en la Oficialía y la Maestría.

         El profesorado de los Centros de F.P.I. estaban formados por los siguientes grupos: Profesores titulares de clases teóricas, titulares de clases prácticas Maestros de Taller, adjuntos de titulares de teoría, adjuntos titulares de taller o de laboratorio y profesores especiales. Hay que indicar que los titulares Maestros de Taller, al igual que en la Ley de 1928 deberían de ser titulados en Maestría y los adjuntos con titulación mínima deberían de tener la Oficialía.

         Como profesor de Tecnología Química, dedicaba la mayoría del tiempo a la formación de los maestros industriales, siguiéndoles en su futuro profesional que era francamente bueno, ya que algunas veces tenía que pasar a los alumnos de maestría diurna a los cursos nocturnos para que no perdiesen la ocasión de colocarse en puestos de trabajo muy bien remunerados. Como a la vez de profesor de Formación Profesional y de Ingeniería Técnica pude apreciar en los alumnos del 2º y 3er curso de Ingeniería los éxitos que tenían los titulados maestros de taller en las disciplinas que impartía, ya que su mentalidad estaba perfectamente adecuada a las necesidades de la empresa en el área de la Ingeniería Química.

LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN LA LEY GENERAL DE EDUCACIÓN

         La Ley General de Educación, promulgada en 1970, en su aspecto general, tal y como se diseñó siendo Ministro de Educación Villar Palasí, tuvo el apoyo de la UNESCO y del Banco Mundial como una de las disposiciones mas avanzadas que patrocinaban dichos organismos internacionales. Como todas las Leyes tuvo sus defectos, pero se incluyeron avances muy positivos, muchos de ellos no logrados por la ineptitud de los Ministros sucesores de Villar Palasí que los ignoraron completamente.

         Los incumplimientos más destacados de la LGE fueron:

* La LGE, antes que la LOGSE, declaró obligatoria la enseñanza hasta los 16 años, ya que los alumnos que no fuesen al Bachillerato obligatoriamente tenían que estudiar la FP-1. Nunca llegó a cumplirse lo anterior, a pesar de la declaración solemne que presentó la Delegación Española en la Conferencia Internacional de Educación (Ginebra 1981) que con unas dosis increíbles de hechos inciertos decía textualmente: “La escolaridad obligatoria dura en España diez años, normalmente desde los 6 a los 16 años de edad. Desde los 6 a los 14 años se cursa la EGB, al término de la cual los alumnos que superan con aprovechamiento sus estudios reciben el título de Graduado Escolar que permite acceder a los estudios de Bachillerato. Quienes no consiguen el título anterior, reciben el Certificado de Escolaridad y deben cursar obligatoriamente el Primer Grado de la Formación Profesional (cosa que no hizo efectiva ningún Ministro ni antes ni después de 1981), que consta de dos cursos también gratuitos. Sumados estos dos años a los ocho de la EGB resultaba una duración de la escolaridad obligatoria de diez años, tal y como se ha apreciado antes. El resto de los alumnos estudian el Bachillerato”. Hay que tener cara dura para mentir de esta forma en una reunión internacional de Educación.

* La puesta en marcha de la Formación Profesional de Tercer Grado fue otro de los puntos de la Ley que no se lograron, debido principalmente a la oposición de la Universidad donde saltándose a la torera la LGE concedió diplomaturas cuando éstas sólo podían lograrse después de efectuar tres años de estudios universitarios seguidos por la FP-3 de una duración de alrededor de seis meses.

* Tampoco se llevó a efecto (art. 17.l) “la capacitación para las actividades prácticas (en la EGB) que faciliten la incorporación a la FP-1”. Tampoco en el art. 23.c se pusieron en práctica las actividades técnico-profesionales del BUP, insistiendo en el art. 26.1 que se referirían a todas las actividades profesionales, pudiendo establecer conciertos (art. 61.2) con otros centros de enseñanza, así como con entidades públicas y privadas. En el art. 121.1 se decía que el profesorado de F.P. además de impartir sus enseñanzas, podrían realizar las actividades técnico-profesionales que les fuesen encomendadas en los Centros de Bachillerato y en las Escuelas Universitarias.

* La L.G.E. marcaba las líneas generales de la FP-1, la FP-2 y el Curso de Acceso de la FP-1 a la FP-2 (con el fin de evitar que los alumnos que acabasen la FP-1 tuviesen que realizar los tres años del BUP, algo que no ha tenido en cuenta la LOGSE), dejando para disposiciones posteriores la programación de estas enseñanzas. Estas programaciones fueron desafortunadas tanto en el curso de acceso de la FP-1 a la FP-2 como en las enseñanzas especializadas de F.P. que no contemplaba la L.G.E. En los primeros momentos de aplicación de las nuevas enseñanzas profesionales, el autor de este trabajo planificó unos estudios de F.P. como Subdirector de Formación Profesional, Inspector General de Formación Profesional y Vicepresidente de la Junta Coordinadora de F.P., unas enseñanzas muy diferentes a las que más tarde se adoptaron, introduciendo enseñanzas muy prácticas que fueron aprobadas por el Banco Mundial en su plan de ayuda a España para la creación de centros de FP en algunas provincias españolas en condiciones económicas muy favorables (todo el programa del Banco Mundial no se llevó a cabo por la política nefasta del Ministro Martínez Esteruelas que la anuló, costando a España muchos millones de pesetas por indemnización). Por su extensión no entro en detalles (al lector que le interese puede consultar el Segundo Tomo de la Crónica de la F.P., pag. 93 a 100), pero si quiero indicar la idea y las enseñanzas experimentales que se llevaron a cabo en la FP-1, dividida en tres fases: la primera de una formación general en una familia profesional, la segunda de la especialidad y la tercera de tipo ocupacional en un sistema mixto escuela-empresa, ya que la L.G.E. insistía en la relación constante entre el centro educativo y las empresas (para mayor detalle consultar Tomo Segundo de la Crónica de la F.P., pág, 60 a 64). También se perfiló un curso de acceso al Segundo Grado de contenidos muy aplicados a la profesión y siempre en conexión con las capacidades y gustos de los alumnos, lo cual habría podido evitar las llamadas Enseñanzas Especializadas de 2º Grado que no contemplaba la LGE.

          La LGE resulta confusa y hasta utópica en los aspectos siguientes:

* La creación de los nuevos cuerpos de F.P. presentaban grandes contradicciones en lo que se refería al profesorado. Hubo un intento de conseguir que tanto los profesores de teoría como los de prácticas pudiesen adaptarse a la nueva Ley en una iniciativa de la diputada comunista Eulalia Vintró (persona con la que mantuvo bastantes contactos sobre este asunto el autor de este trabajo) para que en un plazo de dos meses se hiciese realidad que el profesorado de FP se adaptase a los cuerpos de Catedráticos y Agregados de F.P., siendo aprobada la moción por 260 votos de los 266 emitidos; es decir estaban de acuerdo prácticamente todos los partidos políticos entre ellos UCD, socialistas y comunistas en la sesión del 22 de diciembre de 1981. Todo ello quedó en nada.

* Otro punto confuso era el de la Inspección de F.P., que en la LGE sólo contemplaba los niveles educativos y no los formativos, por lo que el autor de este libro en los primeros años de la nueva FP tuvo que inventar la figura de los coordinadores que además de tener una función asesora, cumplían con la inspectora. Para tratar de resolver este problema se cambió la LGE creando un cuerpo de inspectores que si en un principio dicha función en la propuesta de UCD sólo podían acceder los titulados superiores, se modificó completamente por la oposición y por la propia UCD, aprobando en la nueva Ley que los maestros industriales formarían parte del nuevo Cuerpo de Inspección. Los socialistas, comunistas y la Minoría Catalana se volcaron en defensa de los maestros industriales (véase en el Tomo V de la Crónica de la F.P., pág. 67 a 82 las sesiones en el Congreso y en el Senado en el que asistió el autor de este trabajo). Recojo algunas de las alabanzas que se prodigaron en aquel año a los maestros de taller.

           Franco Gutiez, por el Grupo Parlamentario Socialista indicaba: “Que se congratula de que se hayan recogido las aspiraciones de los maestros de taller para acceder a la inspección, ya que en el primitivo proyecto este acceso lo tenían bloqueado. Nos congratulamos porque este es un cuerpo terriblemente discriminado, terriblemente sacrificado y que merecía que, a la hora del acceso, tuviesen las mismas oportunidades que cualquier otro de los niveles o del área de FP”. En la explicación de su voto Rubies Garrofe de Minoría Catalana se despachaba a gusto diciendo que “la formación profesional, si existe, no es gracias a los profesores de Humanidades o de Ciencias, sino a los profesores de Taller y Tecnología que son los que le dan contenido”. Este diputado, bien enterado de la FP indicaba que “la presencia de los maestros industriales en la Inspección podría mejorar la enseñanza profesional, es el número escaso de horas de prácticas que se dan tanto en la FP-1 como en la FP-2”. En el Senado son importantes destacar las palabras del socialista Bevia Pastor que decía que “debemos sentirnos satisfechos porque el contenido de la Ley afecte a todo el profesorado, colocando en su justo lugar a los maestros de taller, clave de esta enseñanza”. La Sra. García Castro, senadora de S.A., al referirse a la profesionalidad de los maestros industriales decía que “es claro que un maestro de taller conoce con más profundidad las dificultades reales que presenta cada una de las clases, que cualquier otro profesor cuya especialidad sea más científica o más teórica”. El consenso de diputados y senadores fue total y las alabanzas a los maestros de taller eran unánimes, pero por desgracia los que más defendieron a los maestros de taller, empezaron a olvidarlos tres años después, y no sólo no pusieron en vigor la Ley de la Inspección, sino que empezaron a nombrar prácticamente a dedo inspectores de Formación Profesional solamente con titulación superior, sin tener en cuenta que en 1980 se opusieron a las tesis titulíticas que defendía en principio UCD. Pero no acaba aquí la cosa de desplazar a los maestros de taller por titulados universitarios sino que en 1990 establecen una formación profesional en la que tratan ya de quitar de en medio las clases prácticas que daban los maestros de taller. Había ya que entonar un réquiem por la preparación de operarios cualificados y técnicos no universitarios.

* Resultaba utópica la LGE cuando decía en su articulado que las empresas deberían aceptar a sus trabajadores con titulación mínima de FP-1. En toda la Unión Europea sólo existe un país, Luxemburgo, en el que se cumple el requisito de que entre la oferta y la demanda cada titulado ocupe el puesto de trabajo adecuado, siendo ello posible porque el paro es prácticamente inexistente en ese país y entonces puede existir una coordinación estrecha entre la formación y el empleo.

L.O.G.S.E.

         Esta Nueva Ley se aprobó por las Cortes en 1990, olvidándose los socialistas y demás partidos políticos de la importancia básica que tenían los maestros de taller, creando un cuerpo en los que los futuros profesores eran de titulación mínima ingenieros o diplomados. Esta Ley todavía no ha entrado en pleno vigor pero tal y como está estructurada, tanto en la enseñanza comprensiva (España es el único país de la U.E. y Estados Unidos en que la diversificación empieza a los 17 años, ya que los demás países la inician como máximo a los 16 años y otros a menor edad como es el caso de Austria que lo hace a los 10 años) como en el Bachillerato (nuestro país es el único en la U.E. y Estados Unidos en que el Bachillerato dura tan sólo dos años, lo contrario de los que como mínimo constan de tres años académicos y en Italia cinco) que no se parece casi en nada a los modernos sistemas educativos de los países desarrollados.

          Referente a la Formación Profesional, la LOGSE en la enseñanza reglada del Ministerio de Educación, el Ciclo Formativo de Grado Medio, estudiando con detalle sus programaciones es una mezcla de formación de operarios cualificados (nivel profesional 2 de la U.E.) y en menor proporción de técnicos intermedios (nivel profesional 3 de la U.E.). El Técnico Superior (nivel 4 de la U.E.) está bien diseñado y no tiene que envidiar a las titulaciones postsecundarias, por ejemplo, de franceses e ingleses. Existe en la formación profesional que imparte el MEC un vacío en la preparación de los obreros cualificados, acercándose bastante el Certificado de Profesionalidad que imparte el Ministerio de Trabajo.

          En Francia, por ejemplo, existen perfectamente delimitados los tres niveles de formación de la U.E.: Nivel 2 (operario cualificado) que obtiene después de dos años el CAP (Certificat d’Aptitude Professionelle) o el BEP (Brevet d’Enseignement Professionel); Nivel 3 (técnico intermedio) de duración de tres años de estudios de Baccalauréat Technologique (Bachillerato Tecnológico) y que lleva anexo el título de Brevet de Technicien; Nivel 4 (Técnico Superior) que obtiene con dos años de estudios postsecundarios el BEP (Brevet de Technicien Supérieur) o el DUP (Diplome Universitaire de Technologie). El aprendizaje suele culminar en Francia con titulaciones como el CAP, BEP u otras análogas.

          En un estudio de la CEDEFOP de la U.E., en 1993, situaba el Nivel 2 (según los datos aportados por los expertos españoles) a los Auxiliares Técnicos de FP-1, dejando el 3 para los Ciclos Formativos 2 y el 4 a los Ciclos Formativos 3. También se indicaba de forma equivocada en ese estudio de la CEDEFOP que el INEM preparaba Diplomas en los tres niveles, 2, 3 y 4, ya que los únicos diplomas de Certificado de Profesionalidad que se conocen, vistas sus programaciones sólo corresponden al nivel 2 de profesionalidad de la U.E. (para mayor información de los estudios profesionales y de los niveles de formación de la U.E. pueden consultarse los números 2 de 1995 y 4 de 1996 de la revista Profesiones y Empresas que tratan respectivamente de los niveles de Formación de la U.E. y de la Educación y Formación en los Quince Países de la U.E.).

          El más grave problema que tiene la Formación Profesional Española es la eliminación en varias especialidades de los maestros de taller (o titulados en FP-2 de la LGE y Técnico Superior de la LOGSE). En dos Cartas Abiertas enviadas a la Ministra de Educación (nº 1 y 3 de 1997 de la Revista Profesiones y Empresas) el autor de este trabajo le daba soluciones sin salirse de la LOGSE, lo que se ha hecho de forma parcial para los futuros graduados de Formación Profesional Superior y con una prórroga mayor para los interinos en todas las especialidades que se presenten a los exámenes correspondientes. En la segunda carta le daba a la Ministra una solución que se sigue en Francia para los titulados de enseñanza profesional postsecundaria (los BEP y DUP) que era darles unos estudios técnico-pedagógicos de un año, que sumado a los dos años de estudios postsecundarios alcanzaban tres años de estudios, el cual permite tener el nivel 5 de la U.E., es decir, el mismo que los diplomados y licenciados. Por último también se indicaba a la titulada del Ministerio de Educación que apreciase que en los países de la Unión Europea la FP se impartía por graduados no universitarios (casos de Alemania, Reino Unido de la Gran Bretaña, Dinamarca, Bélgica, Luxemburgo y Finlandia (publicado en la Rev. Profesiones y Empresas, nº 2, 1997).

          Cierro este largo trabajo con las palabras de Jordi Pujol, President de la Generalitat de Catalunya, en la presentación del libro del Maestro Industrial Goma i Albert, Els Mestres Industrials i la Formació Professional, decía las siguientes palabras: “Los Maestros Industriales han sido forjadores de la industria catalana. Hombres de oficio, vocacionales y convencidos, son ellos los que saben mejor que ninguno que la obra bien hecha no tiene fronteras. Las diversas etapas de la industrialización y de la evolución económica de Cataluña van estrechamente ligadas a los maestros industriales. Ambas iniciativas y sana ambición han desarrollado su oficio y han creado empresa y maestría. Y son también modelo y ejemplo para muchas generaciones de aprendices, todo hecho realizado en nuestra casa en el concepto de formación dual, compartida entre escuela y trabajo”. Seguía Jordi Pujol haciendo alabanzas de los Maestros, cuando proseguía diciendo: “Actualmente nosotros hemos de felicitarnos especialmente por el hecho de que la promoción de maestros industriales de la Escola de Treball de Barcelona del año 1945 cumplan cincuenta años, y muchos de sus miembros (afortunadamente todavía entre nosotros) han hecho tan buena faena, en tiempos tan difíciles, a la empresa y a la escuela a lo largo de este medio siglo. Todas son gentes de oficio, que han tenido que trabajar con valentía y han dejado huella en los diversos campos de la técnica y de la formación, donde muchos de ellos han sido maestros y modelos en el sentido más pleno de la palabra”.

          Poco ya se puede decir después de las palabras magistrales de Jordi Pujol, sino indicar que como Maestro Industrial Honorario (nombrado por la Asociación de Maestros Industriales) sólo añadiré que como profesor de tecnología tengo un gran recuerdo por los Técnicos Especialistas de Segundo Grado por haber seguido la senda de sus antecesores los maestros industriales. Esperemos que de los Técnicos Superiores dentro de unos años se pueda decir lo mismo que de los Maestros y de los Técnicos Especialistas.

Eduardo Acero Sáez

Profesor y autor de CRÓNICA DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL ESPAÑOLA.

Fundador de la revista Profesiones y Empresas

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